Periódico cultural de Canarias  |  24 octubre 2014
Cine español en Cannes
Viernes, 21 de Mayo de 2010 16:51
Cine Cannes (Francia)
Todes vos...Tras la fastuosa representación del cine patrio el año pasado, las cosas han vuelto a su curso habitual. Sólo una modesta producción ha sido seleccionada en la sección paralela de la Quincena de Realizadores. Es lugar común entonces, entre la prensa nacional, echarse las manos a la cabeza y sacar nuevamente a discusión el supuesto rencor que los franceses guardan por todo lo que huela a  español: el típico chauvinismo francés, etc...'Rien de rien'.

A los franceses les debemos, en todo caso, descubrirnos talentos y valores del país que nos hubieran pasado completamente desapercibidos de otro modo. Ocurrió hace unos años con Albert Serra y su Honor de Caballeria. Otro tanto de lo mismo podemos decir hoy de Oliver Laxe y su Todos vos sodes capitans que acaba de ser presentada en el Festival.

Lo primero que llama la atención es el título original en lengua gallega para una película rodada en Tánger. Oliver lo justifica sin problemas: él es, antes que nada, gallego; y por tanto, emigrante que deambula sin rumbo fijo por esos mundos. Las circunstancias lo trajeron a este norte de África, en Tánger, a donde  vino a alejarse del mundanal ruido y limpiar la mirada. El proyecto de rodar un película con niños surgió de forma natural, como una actividad escolar más. En plena actividad le sobrevino una crisis que le hizo replantearselo todo.

La mirada paternalista, instrumentalizadora de la pobreza del tercer mundo, con que se podía abordar una propuesta de estas características, dio paso a una decisión arriesgada: ceder la cámara a los protagonistas, a los niños cuya vida se proponía representar. A partir de ese momento la película toma un corte asilvestrado: los niños quieren filmar los árboles, las nubes, los gatos callejeros. Todos vos sodes capitanes alude a la autoría compartida de las imágenes que vemos desfilar por la pantalla en su segunda mitad. La película de Oliver describe el proceso sin concesiones ni autocomplacencias. Está llena de aristas. No es redonda ni perfecta. No es siquiera una película festivalera. Pero eso mismo es lo que nos la ha hecho aún más simpática. Es un diamante en bruto que muy pocos han sabido apreciar aquí.

Javier BardemHablar hoy por hoy de cines nacionales es ridículo. Las producciones cinematográficas se deben al concurso de diferentes iniciativas a uno y otro lado del mundo, borrando lindes y fronteras. Los créditos de cualquier película vienen precedidos del listado interminable de empresas y entidades que la han hecho posible. El cine se ha vuelto mestizo, multinacional. No siempre eso puede ser buena noticia. Las películas coproducidas de Woody Allen o de Alejandro González Iñarritu presentadas en Cannes son un fiasco absoluto en las que se ha malgastado dinero y talento, por mucho que la segunda pueda significarle al actor español Javier Bardem un premio de interpretación: el catálogo de muecas que exhibe suele reportar este tipo de recompensas.

Pero no nos engañemos. Habría que atinar con más punteria. Apostar por el talento verdadero que en este país subyace, y en cantidades ingentes,  debajo de cada piedra.
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