| Jane Millares: paisaje, arquitectura, territorio y mujer de Lanzarote |
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Viernes, 12 de Noviembre de 2010 11:28
Arte
Lanzarote |
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La retina de la niña se inunda del exotismo de aquellos paisajes lunares que se funden en las playas blancas y otros colores insólitos que dejarán en ella su impronta ya para siempre; aquellos pueblos con sus pintorescas casitas blancas y las mujeres del lugar, con sus atractivos rostros de “indígenas” y llamativos sombreros. Si bien la pintura de Jane Millares aboga por la exaltación de los valores humanos, de la canariedad, del reclamo aborigen y la mujer como valor paradigmático de los pueblos, Lanzarote va a ocupar un lugar presidencial entre sus obras. En aquellos años de exilio, Lanzarote representó para la familia el cariño y la amabilidad que se habían quebrantado en la isla vecina; la gratitud y el sentimiento de protección y belleza del lugar que les acogió generaría en la niña Jane, el apego y la sinergia ideal para hacer aflorar su instinto creativo en un entorno favorable, que representa una época verdaderamente feliz de su vida, donde forjó amistad con el genial y desaparecido César Manrique. Admiradora incondicional del 'arte del pueblo', retendrá -como ella misma apunta- las imágenes de los campesinos y luego las “recicla” según su personalidad. Éste hecho ha tenerse en cuenta a la hora de comprender que las visiones de Jane -a pesar de su reconocimiento como magnífica representación del entorno, con sus característicos paisajes y sus gentes- ofrecen una perspectiva subjetivada que ha pasado por su “criba” dulcificante e idealizadora. No cabe duda, de que existe un grave latido de fuerza interior que bombea en Lanzarote; tiene ese arcano enigmático, que abdujo a Jane para toda la vida, que ha sabido representar a la isla desde sus más bellos perfiles. Sin embargo, no sólo ha de considerarse la calidad pictórica y la trascendencia poética de las representaciones lanzaroteñas, que tanto protagonismo adquieren en la producción janiana, sino que ha de valorarse el bien etnográfico que supone en conjunto su obra, dada la veracidad de los elementos representados, de lo que conforma, en definitiva, la idiosincrasia isleña.
Dedicados a la misma isla, Jane expone una serie de ceras que trabajó en exclusiva sobre temas lanzaroteños: En 1987, en Dice Jane Millares Sall: “Duele el ir por nuestros pueblos y ver cómo va desapareciendo la maravilla de nuestra arquitectura popular; entristece [ver] cómo el bloque frío alza su geometría hierática y desaparece la gracia de paredes, techos, escaleras, cocinas, tan airosamente presentes en el hogar de nuestra gente sencilla, de nuestro pueblo de antaño y, siguiendo el magnífico ejemplo de César Manrique, con su libro sobre la arquitectura de Lanzarote, esa arquitectura que él ha sabido defender con impagable campaña, frente a todo desafuero, traemos estos apuntes de rincones y casa diseminadas por varios lugares de nuestras islas, que se alzan como ardiente incitación de algo nuestro, que no debe, […] que no puede morir arrasado por un afán equivocado y funesto de actualizaciones absurdas, olvidando aquella aguda verdad de Eugenio D´Ors, ‘lo que no es tradición es plagio’, es decir: vulgaridad”. Nada define mejor su interés por el respeto y la preservación del patrimonio cultural canario, así como de la referencia a los rasgos conformadores de la identidad del pueblo, como éste texto, que integraba el díptico de presentación de éstas exposiciones de Lanzarote, a las que nos hemos referido.
Éste y otros estudios sobre su obra, se recopilan para la edición de un trabajo monográfico inédito, que trata los aspectos plásticos de su amplio repertorio creativo, de un modo inmediato y desde una perspectiva intimista, que mostrarán la sensibilidad de una mujer creadora, a través de sus vivencias y atendiendo a la significación de su obra.
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En su ingente nómina de obras alusivas a los paisajes y mujeres de Lanzarote -entre otros elementos identificativos de la isla de fuego- sus visiones encuadran una poética particular y muy especial que ha logrado el meritorio reto de crear un imaginario. Las visiones sobre temas lanzaroteños, siempre han sido, en la producción de la artista grancanaria Jane Millares Sall, uno de sus primeros filones de creación. Durante los duros años de persecuciones y calamidades que vivió el país durante
Además de estos trabajos, en toda su producción y hasta hoy, Jane ha plasmado un sinnúmero de dibujos y composiciones sobre temas lanzaroteños, y en especial sobre la mujer campesina. Éste motivo será repetido con gran perseverancia, remarcando aun más, si cabe, su apego y admiración por un pueblo que es para ella, todo belleza y fascinación. La identidad de éstos personaje, muchas veces sin rostro, es reconocible por el sombrero de paja típico de la isla, tan recurrente en su iconografía. Ya desde las primeras individuales que llevó a cabo, abordó el tema de la mujer campesina que reinterpreta incesante.
Cierto es que Jane se siente especialmente identificada con la isla de Lanzarote, sin embargo no presume ser una referencia territorial o excluyente, más bien se trata de una conjugación, resultado de la asociación de los recuerdos amables con una serie de rasgos identificativos de un pueblo, sobre esos valores que ella pretende exaltar y que son muy definidos en ésta isla. Jane escoge ésta iconografía por su excepcionalidad y arraigo; es un pueblo, que por otra parte, conoce directamente, que bien podría verse identificada con iconos grancanarios, que también reproduce, aunque éstos esquemas, podrían posiblemente conformar escenas campesinas más comunes, que las que ofrecen las lanzaroteñas, admitamos, de imágenes únicas e inconfundibles. Los camellos en tierra de fuego, las gerias, los paisajes lunares y sus volcanes, la sombrera de la campesina, la cofia blanca de la recolectora de vides… los pueblos blancos de puertas verdes con cruces de esquina a esquina… 







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